Friday, July 17, 2009

Prohibido Olvidar...

No quiero olvidarme de los recuerdos de mi corta infancia en Uruguay, los juegos bajo la lluvia de verano y los charquitos en el pasto del frente de casa. No quiero olvidarme de los pocos momentos que pasé con mis abuelos, de los viajes a Uruguay, de la inocencia, los juegos y aventuras con mis amigos, las escondidas, los ring rajes, las tardes de primavera en la biblioteca, Los Cuentos del Pajarito Remendado y las canciones de María Elena Walsh. De Ana Alicia, mi amiga imaginaria cuando recién nos habíamos mudado a Argentina; de las casitas en los tamariscos y los veranos en el canal, los álamos, las ciruelas verdes.

No me quiero olvidar de lo que se sentía salir con mis amigos antes de casarme, sentirme eterna y feliz a su lado, agarrar la ruta, irnos a la playa, volver a cualquier hora. Los campamentos de verano, los viajes a la cordillera, el "¿conoceré a alguien?", los bailes bajo la luna, las maripositas en la panza cuando me gustaba alguien. No quiero olvidarme de la simplicidad de mi vida en Argentina, las mateadas en el comedor universitario, las largas charlas, los divagues, la falta de plata, patear el día a día; las lecturas de Shakespeare con acento paraguayo y la asignación de nombres de dioses Griegos de cada uno de mis compañeros. Yo era Hera.

No quiero olvidarme los años que pasé lejos de mi amor y el momento en el que volvió y lo besé para siempre, porque ese día fue el comienzo de mi eternidad. No quiero olvidarme del día de mi boda. Ese día me sentí una reina, y él fue mi rey, y el mundo era nuestro. No importaba nada más. No quiero olvidar que este matrimonio y esta familia que hoy tenemos nos tomó años de amor a distancia, soledad... soledad hasta que nos dolía el cuerpo y nos íbamos a dormir llorando, los dos a miles de kilómetros de distancia.

No quiero olvidarme del olorcito de las manos de mi mamá, ni de la risa de mi papá. No quiero olvidarme de sus consejos. Ni de las sabias palabras de mi mamá cuando alguien me rompió el corazón por primera vez. No quiero olvidarme de los almuerzos y las largas charlas en familia, de la austeridad y del esfuerzo de mis viejos por hacerme quien soy hoy. No quiero olvidarme de la amistad que desarrollé con mis hermanos. No quiero olvidarme del apellido que llevo y lo que significa.

No quiero olvidarme de los otoños en Cheney, con sus colores, sus aromas, sus texturas, sus luces y sombras. Conmovedores hasta las lágrimas. De los zapallos junto a la puerta, las caminatas por los parques, las ilusión de traer una vida al mundo. La inefabilidad del día en que la tuve por primera vez en mis brazos.

No quiero olvidarme de la vocecita de mi hija, de sus ojazos grises y expresivos, su sonrisa picarona, su personalidad alegre y cariñosa. No quiero olvidarme de su inocencia, para emularla, para ser un poco más como ella: despreocupada, amorosa, generosa, tierna, curiosa, incondicional.

No olvidar estas cosas es lo que le da sentido a mi vida.

2 guánder pípol séid...:

eMe said...

No encuentro las palabras justas para describir tooodo lo que me hiciste sentir, revivir, remover, pensar con este relato... resumen de vida.
Una vez había escrito algo parecido, en una forma más de cuento pero comenzaba igual...esos aromas, sabores o sonidos tan particulares de la infancia, que nos mueven como en una máquina del tiempo permitiéndonos tener presente lo que fuimos para entender lo que somos.
Me encantó Guánder. Lograste emocionarme e identificarme... Gracias por mejorar mi humor de lunes. JAJA. Y, ¿por qué no? FELIZ DÍA DEL AMIGO! =)
Quiero conocer tu historia de amor a la distancia...debe ser conmovedora!
Un Abrazo Inmenso!

Guánder Guóman! said...

Me alegro que algo de lo que escriba le haya llegado a alguien. :)

Gracias, y por qué no? Feliz día el blogginamigo para vos también! Jajaja!